Billie Holiday y Ella Fitzgerald

Dos voces únicas e irrepetibles, dos vocalistas que llevan en su afinado instrumento la misma esencia del jazz; y es que la pretensión de utilizar la voz como tal (un delicado instrumento) y hacerlo sonar de manera sublime solamente es posible cuando hablamos de una mujer.

Nacieron con dos años de diferencia, pero Ella nos regaló su presencia en este mundo casi 40 años más. Sus vidas, sus aspiraciones, sus problemas personales y sus modos de vivir, difirieron desde el mismo momento de nacer. Podemos encontrar numerosas biografías en la red donde embeber hasta el último detalle de la drogadicción de Billie, que se la llevó a la tumba, o la diabetes de Ella, que la dejó casi ciega y se llevó sus dos piernas por delante.

Pese a que tanto Ella (“The First Lady of Song” -la primera dama de la canción-), como Billie, (“Lady Day”), debieron enfrentarse a una sociedad machista y racial, el modo como afrontaban sus dificultades era completamente diferente… y eso quedó registrado también en su forma de entender e interpretar su música.

No más datos. Quiero exclusivamente quedarme con la imperecedera intemporalidad de aquello extraño que se cuela en mí cuando las escucho.

Quede claro que yo no entiendo de música, pero como ser vivo que soy, la música me hace vibrar y esta lo consigue especialmente.

Quizá muchos de los que lean este artículo se echarán las manos a la cabeza por atreverme a hablar e incluso a comparar a estas dos grandes. También sé que no son las únicas voces representativas y magistrales en esta disciplina sin edad y que no se puede dejar de mencionar a Sarah Vaughan, Carmen McRae, Helen Merril, Shirley Horn, Dinah Washington, Dianne Reeves o Abbey Lincoln… pero Billie Holiday y Ella Fitzerald son para mí “especialmente especiales”.

Este es mi feeling y estoy completamente segura de que habrá quien compartirá mi opinión. Al final de la entrada hay un apartado a tal fin. Me encantará leer otros puntos de vista.

Escuchar a Billie pone los pelos de punta. Escuchar a Ella, también.

¿Cómo pueden ser tan distintas y coincidir tanto? ¿Cómo consiguen polarizar mis emociones con una misma canción?

Billie es cándida, alargada, como una dama con vestido de cola que se contonea, perseguida por su propia calidez; te engatusa, te atrapa, te hace un guiño y desaparece como vino…

Ella, es energía pura desbocada, que sube y baja, te calma y te arranca del suelo en cuestión de segundos. Es la alegría que llena todos los espacios, la dulzura transformada en canto.

La mejor manera de hacerme entender es que vayamos escuchando… tenemos tantos botones de muestra como queramos. Para empezar, tres famosas melodías cantadas por las dos, cada una con su propio estilo y timbre de voz… son almas diferentes.

«All of me» – Billie Holliday

«All of me» – Ella Fitzgerald

«Summertime» – Billie Holliday

«Summertime» – Ella Fitzgerald

«Stormy weather» – Billie Holliday

«Stormy weather» – Ella Fitzgerald

Pero seguimos escuchando a Billie y notando cómo va haciéndose un hueco en algún lugar dentro de uno: con una suavidad antes desconocida, te desgarra el alma, la atraviesa con elegancia y sin inmutarse. Es un placentero veneno que te transporta a la más absoluta abstracción, te hipnotiza, te besa con amargura y de nuevo se va. Cuando lo hace, casi siempre me quedo con sensación de honda tristeza. Lo que es seguro es que jamás deja indiferente. Si la escuchas un par de veces, ya nunca la olvidarás. Se clava en el corazón. Es inconfundible.
«Strange Fruit»

«Lady sings the Blues»

Y seguimos escuchando a Ella, que te eleva y te lleva, sin más, por donde quiere. La reina del scat, versátil y brillante como nadie, juega con las notas al escondite, las descubre, las lanza al espacio y vuelven a ella como boomerangs, las mece, las duerme y reaparecen brillantes de nuevo para despertar entre risas… y en todo ese rato ha conseguido que la nota seas tú, escuchante, que lloras de pura emoción desbordada por todos los poros de tu piel.

Ella ha entrado en ti, te ha invadido literalmente, sustrayéndote al mundo del ritmo, de la música que suena con vida propia en una jam session privada en la garganta de Ella, donde surgen armonías nuevas inventándose a sí mismas.

Da igual que sea jazz, blues, samba, swing, bossa nova, gospel, calypso, canciones navideñas o pop. Sus registros dan para todo eso y para más. Su sencillez me emociona. Su cercanía me estremece. Siempre hace que ría. Siempre consigue que llore. Si después de escuchar estas muestras no habéis reído ni llorado, es que no estáis vivos:

«Something To Live For»

«For Once In My Life (Live in Berlin 1968) »

A estas alturas de lo que pretende ser un artículo para ayudarme a mí misma a entender sentimientos que solamente aparecen cuando escucho estas dos eternas voces, creo que ya habréis sabido con quién me quedo. Es difícil: dos caras opuestas de una misma moneda; melancolía o euforia; alegría o tristeza… como la vida misma. No se puede entender una sin la otra.

Entrada escrita por Paloma Alós.
Fuente foto de la entrada: Billie Holiday: gottlieb.04211, Ella Fitzgerald: wqhs.org

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